miércoles, septiembre 23, 2009

EL hombre que aún tiene Vesícula

,
Antes de escribir estas líneas andaba pensando, ¿cómo será vivir sin la vesícula? No lo se, es la primera vez que experimentaré estar sin mi vesícula, aunque nunca la llegue a conocer, ya la estoy odiando.

Según los doctores comentan que, cada ser humano trae consigo los llamados “cálculos”, es una especie de sello que tenemos en nuestro organismo, hay que saber cuidarlos y no provocarlos, porque si llega a ocurrir eso, tendrías dolorosas molestias.

Mi vida con vesícula es normal, no la siento, es más, no sabía que existía eso en mi cuerpo, quizás por eso no hice caso a las recomendaciones que encontraba en los periódicos, foros de internet o programas de televisión, hay que saber qué comemos y qué dieta olvidamos.

A inicios de este año empecé a experimentar los drásticos cambios en mi alimentación, dejé de lado las bebidas gaseosas, pero me volví adicto a las frituras y grasas de todo tipo. Eso provocó que mi cuerpo se ensanchara en todas sus dimensiones, el trasero me creció, las tetas y mi pancita parecían gelatinas. Estaba aumentando en peso.

No hice caso a los comentarios exagerados de mis amigos, quienes hasta ahora se mofan de mi contextura, quizás cuando era adolescente, soñé con ser gordito y volverme mas atractivo, pero las grasas se me escaparon de las manos, y empecé a comer y a comer.

¿Cómo era un día para Fery? Por las mañanas, mi vaso con jugo de papaya, cuatro panes en el desayuno y si había huevo o hot dog mucho mejor; luego me encerraba en mi cuarto y junto a mi computadora empezaba el trabajo. Al medio día, era el primero en sentarme a la mesa para almorzar, mi buena sopa de trigo y de segundo, arroz con pollo, y para bajar el “bolo”, una tacita con Anís. Terminaba el almuerzo, regresaba a mi cuarto, pero no para trabajar, sino para dormir, hasta las 3 o 4 de la tarde. Y por la noche, en la hora del lonche, una tacita con Anís, mas 4 panes y para rematar, mi arroz con pollo; donde lo atractivo era comerse los “cueritos”. Me volví adicto a los cueros.

Si, se lo que están pensando, ¿Qué buena vida llevo no? No había sentido ninguna molestia en mi organismo, salvo las veces que me emborrachaba y eso me generaba algunos problemas estomacales, pero nada más. Hasta que un día, eran las 12 de la noche, estaba actualizando algunos blogs y de pronto sentí un pequeño dolor en la espalda, pensé que quizás me había sentado mal o estaba en mala postura, no le hice caso y me fui a dormir. Poco a poco, el dolor iba en aumento, ya no solo me dolía la espalda, cerca a la boca del estomago sentía un fuerte dolor. Eran las 3 de la mañana y no podía dormir, por más que trataba de buscar una postura adecuada en mi cama, no podía, el dolor era insoportable. Me levanté y prendí la luz de mi cuarto, traté de caminar para ver si me pasaba, pero era inútil.

El dolor iba en aumento, me estaba desesperando, entré en pánico y empecé a quejarme, mi hermano menor que por suerte me escuchó, se acercó y me preguntó qué es lo que pasaba, le expliqué que sentía un dolor horrible en la boca del estomago y en la espalda. “¿Qué has comido huevón? ¿Seguro que comiste en la calle y eso te cayó mal?”, me preguntó mi hermano. No quería que me resondren, sólo esperaba que hiciera algo para ayudarme, el dolor me estaba jodiendo. Al poco rato mi madre se despertó y junto a mi padre empezaron a revisarme. Todos decían que se trataba de un mal dolor, y quizás si me acostaba me iba a pasar, pero conforme pasaban las horas, el dolor me seguía jodiendo y más fuerte.

Fue en ese momento que me acordé de Dios, y rogando entre mis pensamientos decía: “Dios, ayúdame, no permitas que este dolor me mate, si tu me quitas este dolor, yo te prometo que voy a la iglesia y dejo de masturbarme cada fin de mes…”. Estaba desesperado, pero mi clamor no era escuchado; casi al promediar las 5 de la mañana, y en vista que me quejaba como un niño, mis padres no tuvieron otra opción que llevarme hasta la clínica, y esperar que llegue algún doctor para que me revise.

En el camino sentía que el dolor poco a poco iba disminuyendo, al llegar a la clínica, no encontramos a ningún doctor, optamos entonces por recurrir a las farmacias. Por suerte había algunas abiertas, y pedimos algún medicamento para el dolor, no se qué pastilla me dieron, pero me ayudó mucho. Regresamos a casa, más tranquilo y con mucho sueño. Como ya no me dolía, no quise darle importancia, y olvidé lo sucedido.

Pasó un tiempo, y noté que seguía engordando, me volví adicto al pollo frito, las papas fritas y todo lo que sea grasas. Y hace poco volví a experimentar el mismo dolor, y esta vez si fue en serio. Sabía que no era un simple dolor, preguntando entre los farmacéuticos, concluían que se trataba de cálculos a la vesícula, eso significa “Operación”.

Intrigado y muy preocupado, saqué una cita con un especialista, gracias a Dios aun tengo platita y pude sacarme unos análisis, que dieron como resultado, un cálculo de un centímetro que estaba alojado en mi vesícula. “Doctor, eso significa que ¿tengo que operarme?”, esperaba que me dijera, que quizás sólo se necesite de un tratamiento o dieta, pero no fue así. “Mira, los cálculos no se tratan, se eliminan, piénsalo y decide si te lo sacas o te quedas con eso”, fue la respuesta a secas del viejo doctor.

Aún tengo mi vesícula y ya la estoy odiando, ha fregado todos mis planes de trabajo que tenía. Aún no se que me pueda pasar, pero de algo estoy muy seguro, no quiero esta mierda, llamada “cálculo” en mi cuerpo.

Que me disculpen mis nenas, si me llevan al camal, por lo menos un mes sin sexo, ni esfuerzos exagerados.

Aún sigo siendo el hombre que tiene vesícula.

0 comentarios to “EL hombre que aún tiene Vesícula”

Publicar un comentario en la entrada

Si te gustó la historia, deja tu comentario...

 

Blog del Fery Copyright © 2011 -- Template created by O Pregador -- Powered by Blogger