Aprovechando que la abuela María se encontraba transando negocio en el mercado, nuestro amiguito, el conejo Arthur, se metió a la chacra y empezó a devorar cuanta zanahoria encontrase en su camino. Una a una, se las comía sin parar, llenando su pancita con dicha y felicidad, hasta que se quedó dormido, y en su sueño, imaginaba comer más y más zanahorias.
Al llegar a casa, la abuela María, se dio con la ingrata sorpresa de que casi la mitad de su cosecha estaba extinguida, sorprendida corrió hasta su chacra, y tratando de encontrar alguna respuesta, encontró al comelón conejito, quien dormía apaciblemente, sin saber lo que le sucedería.
En un arranque de ira, la abuela cogió al conejito por las orejas y…
Abuela María: ¡Hay, conejo del demonio, de esta no te salvas!
Conejo Arthur: ¿Qué pasa abuela? ¡Suéltame, déjame ir, abuela!
Abuela María: ¿Por qué te comiste mis zanahorias maldito conejo?
Conejo Arthur: Pero abuela, yo solo las estaba cuidando, no sé de qué me hablas
Abuela María: No te hagas el desentendido, yo se que fuiste tú, pero ahora veras lo que te espera.
Conejo Arthur: ¿Qué? ¿Qué me vas hacer abuela? ¡Déjame ir siiiiii…!
La abuela María llevó al conejo hasta un árbol de guaba, ahí ató sus cuatro patitas, para que no se pudiera escapar. “Ahora verás, de esta no te salvas, conejo del demonio”, decía la abuela, mientras se alejaba con rumbo a su casa.
Mientras tanto, nuestro amiguito, el conejo Arthur, quería desprenderse de las amarras, pero era imposible, una y otra vez intentaba inútilmente. Hasta que vio a un intrépido zorro que se acercaba. Entonces el conejo planeó una estrategia.
Zorro Tomás: Carambas, carambitas, miren a quien tenemos por aquí, es mi comida, digo, es mi amigo el conejo Arthur, ¿Qué te pasó? ¿Por qué estas atado?
Conejo Arthur: Hola tío Tomás, te cuento que la abuela María quiere que me case con sus conejas, y que por ciertos ya están muy grandecitas y sabrosonas, pero yo no quiero tío Tomas.
Zorro Tomás: ¿Sabrositas? Y dime sobrino ¿Cuántas son?
Conejo Arthur: Huy tío, son 4 riquísimas conejitas, y por eso la abuela María me amarró aquí, pero yo no quiero casarme tío, ¡Ayúdeme!
Zorro Tomás: Carambas sobrino, déjame ayudarte, es más, Yo tomaré tu lugar.
Con astucia, el zorro desató al pobre conejito, ya libre nuestro amiguito Arthur, amarró con rapidez al incauto zorro y le dijo al oído…
Conejo Arthur: Tío, ¿no crees que se dará cuenta la abuela, que tú no eres un conejo?
Zorro Tomás: Tienes razón sobrino, pero ¿Qué hacemos?
Conejo Arthur: Ya se tío, déjame conseguirte algo, espérame aquí.
El conejito salió disparado entre los arbustos y buscó algunas hojas grandes, quería hacer unos moldes muy parecidos a sus orejas, de esta manera la abuela no se daría cuenta.
Conejo Arthur: Listo tío, con estos moldes de orejas de conejo, estoy seguro que la abuela no te reconocerá y pronto te casarás con las conejitas sabrosas.
Zorro Tomás: Qué brillante eres, sobrino, pónmelos antes de que venga la abuela.
Mientras tanto, en casa, la abuela María preparaba un enorme tizón en llamas, quería quemarle las patitas al travieso conejo que había tragado casi la mitad de su cosecha de zanahorias.
Conejo Arthur: Tío, ya nos vemos, y mucha suerte con la abuela, perdón, quise decir con las sabrosas conejitas.
Zorro Tomás: Ok sobrino, muchas gracias, y no te preocupes que yo haré felices a esas conejitas, ya verás que felices serán en mi pancita.
El conejo se alejaba y entre sí decía: Qué ingenuo zorro, ahora verá lo que le pasará por confiado.
La abuela salió de su casa con el tizón en llamas, y al ver que el conejo había crecido dijo…
Abuela María: Así que has crecido bribón, pero igual recibirás tu castigo.
Zorro Tomás: No te preocupes abuela, yo acepto, dame lo que tienes.
Abuela María: ahora verás malvado conejo.
La abuela sacó el tizón en llamas y le quemó la cola al zorro, una y otra vez, trataba de defenderse el animal, pero no podía, tenía las patas amarradas. Mientras tanto, escondido entre los arbustos, el conejito travieso y burlón observaba, cómo el zorro sufría para esquivar el tizón caliente.
Conejo Arthur: Corre tío, corre, que la abuela te dejará sin cola, jajaja jajaja jajaja