jueves, octubre 01, 2009

“Se me encogieron las boloñas”

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“¿Nos encontramos a las seis de la tarde?”
“Claro, esta vez no te dejaré plantada”
“Eso espero, sino ya no cumplo tus deseos”
“Huy…, entonces no te fallaré”

Habíamos acordado encontrarnos con una vieja amistad, lo de siempre, las ex enamoradas que me buscan para relajarme y de paso ellas se relajan. Aunque para ser sincero, no tenía muchas ganas de salir, el clima frio y seco, me entumecieron hasta las bolas. Pero lo que me motivaba era que volvería a tenerla en la cama, y es que, tengo que aprovechar las oportunidades, antes de ser llevado al “camal”.

Terminaba de actualizar algunos blogs y de inmediato me fui a dar un media ducha, eso quiere decir que, sólo me mojé la cabeza y me lavé la cara, es que por el frio que hace en Trujillo, ya ni ganas tengo de bañarme. Eran las cinco y cuarenta de la tarde, tenía que darme prisa, tan pronto acabé de acicalarme, salí raudamente de casa, previamente le dije a mi madre que vendría un poco tarde y me guardase la cena.

Esperé algo impaciente la llegada del microbús, para no aburrirme, llevé un mpeg 4; ya en el camino, escuchaba las deliciosas melodías de Taylor Swift y Michael Jackson, por un momento en ese día, no traje a mi mente, el leve recuerdo de la bella mujer que me robó el corazón. De pronto, sentí el impulso de bajarme del microbús, algo en mi interior me empujaba hacerlo, sin pensarlo, ya estaba en un jirón llamado Ayacucho, el carro se alejaba y Yo sin tener idea de lo que estaba haciendo. Crucé la calle y caminé por varios minutos, sin querer llegué hasta una tienda de mascotas, y, fue en ese momento cuando recordé algo importante, “el alimento de mis peces”, hacía varias semanas que mis mascotas no comían nada, entré y amablemente una señorita me atendió.

“Por favor, ¿tendrá alimento para peces?”
“Sí claro, ¿cuánto desea llevar?”
“Bueno, deme cinco soles de lombrices vivas y dos soles de alimento seco”.

Aguardaba paciencioso la llegada de mi pedido, retrocedí unos pasos y miré alrededor de la tienda, los perritos y gatitos que se vendían me distrajeron, noté que los pececitos golpeaban la pecera, parecía que me indicaban algo, ellos me miraban y movían sus aletas de una manera extraña. Avancé unos pasos y pude notar la silueta de una bella jovencita, que muy ansiosa preguntaba por unos collares para perros.

Como sabrán, suelo ser muy fijón cuando se trata de apreciar la belleza y sobre todo los atributos físicos de una mujer, algo intrigado por conocer, quién era, me acerqué un poco más; logré escuchar algunas frases: “¿Y por qué esta correa es más cara que la otra?”; al escucharla mi cerebro empezó a decodificar la voz de aquella mujer, sabía que tenía relación con alguien en mi pasado, de pronto sentí un miedo que entró en mi cuerpo como aire frio.

Retrocedí unos pasos, volví a mirarla, de pies a cabeza, no había duda, era ella, “La niña más hermosa del mundo”, la adolescente que me robó el corazón, la mujer que se llevó mis ilusiones, era ella, Erika, la mujer que aún amo, a pesar de haber sufrido tanto.

Al verla sentí mucha vergüenza, no sabía qué hacer, he hablado tanto de ella en este blog, que al tenerla frente a frente, “se me encogieron las boloñas”. Estaba tan hermosa como siempre, tenía el cabello corto, un jean azul que formaba deliciosamente su figura, protegida por una casaca negra, pero lo que más me gustó fue ver una vez más, aquellos labios rojos, que sólo pude besar una vez en esta maldita vida.

Sé que fui un cobarde, lo admito, pero es difícil enfrentarse al pasado y más difícil es hacerlo cuando aún estas enamorado, podré vanagloriarme como el mujeriego de la familia, el ejemplo de mi padre, pero cuando está ella, no soy nada, soy una mierda más en su vida.

Temeroso retrocedí un poco, agazapado entre las peceras de la tienda, esperé que llegue mi pedido, escuché que bajaba por la escalera la joven que muy amablemente me atendió, “Aquí está el alimento, joven”
No tuve otra cosa que acercarme con mucho miedo, ella estaba a tan solo unos centímetros de mí, quizás llegó a verme y por vergüenza no me habló, o no sé. Esperé por un momento el vuelto de la compra, no me atreví a voltear, estaba frio como un témpano de hielo, de pronto, pude sentir una vez más su aroma, y por un momento quise enfrentarla, pero no pude. Tenía las emociones confundidas, no sabía si alegrarme por volverla a ver o maldecir mi suerte por no haber hecho nada.

Terminada la compra, opté por retirarme, y al hacerlo sabía que había perdido la única oportunidad de estar con ella, aunque sea por unos momentos, ya alejado completamente de la tienda de mascotas, me reprochaba lo cobarde que fui, trataba de buscar una razón, justificaba mi comportamiento y maldecía haber perdido esa oportunidad. De pronto sonó mi celular.

“Ya estoy aquí, ¿dónde estás?”
“Este…ummm, este…” y corté la comunicación. Aproveché la oportunidad para visitar a un amigo en una tienda comercial, ahí pude contarle algo de lo que me había pasado, él me vio pensativo y trataba de comprenderme.

Una vez más sonó el celular
“¿Qué pasa por qué me cortaste?”
“Huy lo siento, es que me detuvo la policía, porque no traje mis documentos, y ahora estoy en la comisaria, otro día hablamos bye.”
“¡Qué…espera..!”

Apagué mi celular y regresé a casa, con la moral por los suelos, y las boloñas encogidas.

Ahora, al escribir estas línea, me doy cuenta de lo imbécil que fui, quizás ya no se me presente otra oportunidad, pero la vida tiene que seguir. Hace poco y sin querer, encontré en la red de internet, una cuenta de ella, estaba inscrita en esto llamado “Facebook”, no sé qué mierda sea eso, pero, con entusiasmo me cree una cuenta ahí, esperando quizás, algún día, ella me logre contactar por este medio.

Sé que soy un imbécil por mantener una ilusión estúpida, pero, nada pierdo con intentar ¿no?

1 comentarios:

  • 1 de octubre de 2009 09:10
    Javier says:

    Eres un romántico k'bron. Alucina yo también volví a ver a una antigua amiga muy querida. Lo cierto es que yo no me k'broneo coo tú, pues le hablé. Te faltó cojones wey.

    delete

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